Saber escuchar
Dejo hablar. Pregunto. Y no juzgo lo que me cuentan, que es cuando la gente empieza a decir lo que de verdad le preocupa.
Me llamo María del Carmen, aunque todo el mundo me llama Mammen. He pasado más de veinte detrás de un mostrador y nueve como auxiliar de enfermería. Hoy cierro ventas de programas de precio alto.
No empecé vendiendo programas. Empecé atendiendo a gente.
Trato diario con clientes, llevar un negocio y conseguir que la gente vuelva.
Pacientes con miedo, familias nerviosas y turnos en los que no se puede perder la calma.
Años de trabajo en inteligencia emocional y en cómo gestiono lo que siento cuando la conversación se pone difícil.
Llamadas de valoración y cierre para infoproductores, mentores y formadores.
En el comercio aprendí que vender bien tiene poco que ver con hablar mucho. El cliente que vuelve es el que se va a casa con lo que realmente necesitaba, no con lo que le colocaron. Si no aportas un valor real, no hay relación a largo plazo.
Posteriormente, mis nueve años en el sector sociosanitario me enseñaron algo esencial: cuando alguien siente incertidumbre o duda, lo último que necesita es presión.
Decidir si inviertes en una formación de alto valor no es una urgencia médica, claro. Pero la persona al otro lado siente el mismo vértigo: se pregunta si será capaz, si es su momento o si se va a arrepentir.
A esto le sumo un trabajo intrapersonal continuo en inteligencia emocional y reestructuración cognitiva. Esto me permite sostener llamadas complejas con serenidad, acoger una objeción sin ponerme a la defensiva y acompañar los silencios con absoluta templanza.
Hoy me dedico al cierre de ventas porque en este punto convergen mi trayectoria comercial, mi evolución personal y mi vocación de servicio. Decidí ser el canal que conecta tu propuesta con ese lead que busca transformar su vida, agradeciendo esta función de Closer que me permite aportar resultados reales desde la honestidad, el respeto y la máxima excelencia.
No son palabras para un currículum. Son cosas que se notan en los primeros cinco minutos de conversación.
Dejo hablar. Pregunto. Y no juzgo lo que me cuentan, que es cuando la gente empieza a decir lo que de verdad le preocupa.
Sin darle la razón en todo. Entender a alguien también es ayudarle a ver si tu programa le sirve o no.
Objeciones fuertes, dudas de última hora, alguien que se cierra en banda. Lo he vivido con pacientes y con clientes.
Me integro como una más. Aprendo tu programa, sigo tus métricas y respeto la forma en que quieres que se hable de tu marca.